Ya te conté la curiosidad de mi nombre Lenny, un nombre masculino y potente para una niña. Hubo un pequeño error logístico, pero se logró solucionar.
Ya no se podía cambiar mi primer nombre así que me agregaron otro nombre «Sharon» un nombre de origen hebreo, significa «mujer fértil y bella». Mi mami eligió el nombre y no pudo elegir mejor.
Su amiga Sharon era una mujer muy inteligente, fuerte y segura de si misma, cualidades típicas del nombre, y aunque yo no creo en esas cosas mi mami si, como yo lo veo ella y mi abuelos maternos se encargaron de potenciar las cualidad de mis nombres.
Mi mama Luzmila (mi abuela materna) también puso su granito de arena en mi nombre y agrego su apellido al de mi papa Jorge (mi abuelo materno). Cuando le pregunté de mayor porque hizo eso me dijo «Que no se haga no se significa que no se pueda, si no lo intentas es cuando no se puede» una frase que según mi mama Luzmila es de ella y contradecirla es casi imposible jejeje.
No puedo decir que mi abuela sea feminista pero la frase que si siguió a su respuesta me marco mucho «Mi apellido es tan válido como el de tu papa Jorge y aunque sea el último, te he demostrado con hechos que aunque no se permita ahí esta mi apellido. Jamás aceptes un no por respuesta o por lo menos no lo aceptes sin antes luchar hasta el último cartucho. Somos mujeres y con el tiempo aprenderás que muchos caminos los tienes cerrados y si quieres abrirlos no puedes aceptar un no con facilidad. No te doblegues ante nada ni ante nadie». Ahora entienden porque nunca me rindo.
Siempre he visto en mi nombre un reflejo de la fuerza de mi familia materna. No es que no sienta afecto por mi familia paterna, pero un 80% es Salazar-Blas, lo soy es gracias a mi mami, mis abuelos maternos, mi familia materna. Sus experiencias vitales, valores y principios, su forma de afrontar los problemas y la vida forma parte de mi ADN.